Admiro, contemplo…

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Primera parte

Eres intrigante. Tu sola presencia me perturba. Tu garbo ha hecho que pase noches sin dormir, esa forma tan única y tan espectacular de hacerte presente en cada lugar al que llegas, me llena de admiración.

Y te miro tan involucrada contigo misma, tan fuerte y, al mismo tiempo, tan alegre, que me dan ganas de acercarme a ti, tan sólo para admirarte. Pero tal vez seas como un ave, que es mejor observar mientras está en libertad, dueña de su entorno.

Tan solo tu vestimenta hace que tu presencia sea aún más fuerte, pues la combinas a la perfección. Sabes incluso crear armonía entre tus ropajes y tu autopercepción. Ese don de ti misma que te hace tan admirable. Que me hace admirarte.

Y así, tan dueña de ti misma, caminas por tu entorno, conquistándolo, haciéndote dueña de cada lugar por el que pasas. Sabes lo que haces. Es obvio que tu mente es fuerte. Que tu piel es fuerte. Porque afrontas cada evento y cada reto del día a día con convicción. Sabes perfectamente lo que haces, y manejas a la perfección cada recurso que tienes para salir avante. Para triunfar. Para terminar cada jornada con ese agradable sentimiento que da el deber cumplido.

Y al final, a refugiarte en tu mundo. Ese mundo tan maravilloso y tan lleno de elementos que reflejan perfectamente cada uno de los rasgos de tu personalidad. Ese mundo que a simple vista parece tan perfecto. Ese mundo en el que sabes disfrutar más el contenido que la forma, pero en donde la forma es importante, porque ha sido adquirida a tu gusto, y porque te hace sentir bien contigo misma.

Y con esa actitud positiva ante la vida, sonríes. Cada día esbozas una sonrisa alegre y cálida, pero tranquila. Esa sonrisa que brindas a quienes te rodean. A quienes tienen el privilegio de estar a tu lado cada día, o cada fin de semana. Esa forma tan cálida y tan dulce de dirigirte a ellos, derrite; pero, al mismo tiempo, tu firmeza y tu persistencia causan asombro.

Me gustas cuando trabajas, con ese gesto de seriedad. Me gusta cuando platicas, con una sonrisa, con comentarios cautelosos. Me gustas cuando departes con tus compañeros de trabajo, cuando alegras su día con un comentario positivo, con un consejo, o con una plática junto a la cafetera.

Me gustas cuando sales a comer, bien acompañada; contenta, pero tranquila.

Me gustas cuando te cansan los tacones y te pones tus zapatos de piso. Cómoda, pero sin perder el estilo. El estilo siempre cuenta. El estilo refleja tu constancia.

Y me pasaría horas pensando en tus atributos. Pensando en tu piel lozana, en tu sonrisa tan normal, pero constante, en los rizos de tu cabello, en la finura de tus movimientos. Sí. Eres mi ideal, y me gustas.

Vas por la vida persiguiendo sueños, y alcanzándolos. Cada día es para ti un escalón para llegar a lo más alto a lo que puede aspirar el ser humano. Cada día es un escalón para alcanzar el regocijo y la felicidad total.

Y quiero ser partícipe de tu hermosa vida. Complementar la pasión con la que vives. Hacer de tu camino algo bello, mientras yo embellezco el mío propio. Quiero ser parte de tu vida, y perderme en tu piel.

Segunda parte

Admiro que seas tan dueña de ti misma; que afrontes cada situación que se te presenta con aplomo y de manera muy apropiada. Que la forma en la que te diriges a los demás nunca molesta, y que te desempeñas, en lo laboral y en lo personal, de manera muy sutil.

Y siempre luces tan seria, tan concentrada, o incluso tan pensativa. Quisiera saber qué es lo que hay en el cerebro que resguarda tu hermosa cabeza. En todo caso, seria y decente. Y la sobriedad y gran pulcritud de tu imagen lo reafirma. Tu coherencia es impresionante, incluso intimidante.

Amo tu forma de hablar tan firme. Tu voz tiene aplomo. Y sin embargo, es cálida también, y eso encanta. Ciertamente me intrigas, porque representas un misterio para mí. Un misterio que ya deseo develar.

Y en ese orden tan excesivo, esa vida llena de formas rígidas y coloridas, te desenvuelves con fluidez, afrontando cada situación que se presenta en cualquiera de los aspectos de tu vida. Ciertamente, me fascinas.

Me fascinas porque, además de todo, eres bonita. La lozanía de tu piel, la viveza de tu mirada, tu sonrisa intensa, la elegancia de tus ademanes…

Y cuando comienzo a tratarte, me doy cuenta de que sabes escuchar, sabes elegir las palabras con las que te expresas, y puedes llegar a ser muy cálida. De hecho, es muy fácil tenerte confianza, lo cual me encanta.

Y veo que tienes numerosos temas de conversación, que sabes cómo manejar las situaciones que se te presentan, y que, increíblemente, eres alegre. Eres alegre cuando te desinhibes.

Hay muchas cosas de ti que me sorprenden gratamente.

Y así, encantado con tu persona, busco excusas para mantenerme cerca de ti. En realidad, hacía mucho que tiempo que no experimentaba eso: quedar prendado ante la belleza exterior e interior de una mujer. Es extraño. Me siento confundido, pero, al mismo tiempo, fascinado.

Incluso un “¡Hola!” me llena de alegría. Te busco y, al mismo tiempo, trato de dirigirme con mucho cuidado. No quiero echarlo a perder. Y tú también eres cuidadosa; en ningún momento pierdes la cordialidad. Y te encuentro. Tu pasión por lo que haces en el trabajo o, al menos, tu profesionalismo. Aún no lo sé, pero lo aparentas. Ese profesionalismo y ese orden excepcional me encantan.

Y tus pláticas. Quedas inmersa de una forma increíble, con palabras sustanciales, con asertividad, y sin el chocante afán de imponerte. Sabes expresarte con sutileza, con discreción. Además, eres sencilla, pues no ostentas deliberadamente lo que eres. Creo que tu sola presencia habla por ti. Quizá lo sabes o, al menos, lo intuyes. No lo sé.

Sólo sé que me fascinas.

Y encuentro a una hermosa mujer apasionada, una hermosa mujer que sabe vivir. Me gusta tu convicción, y me gustaría saber quién eres tú más allá del mar de cubículos.

De pronto surgen las pláticas de lugares para ir a comer, que es lo más común. Y de café, y de lugares para comprar buenos termos o buenos cacharros para acarrear la comida. Tienes buen gusto. Incluso cuando se trata de nimiedades, hablas con autoridad.

¿Te gusta el cine? ¿Las artes? ¿Qué tipo de música? ¿Qué haces saliendo de trabajar? ¿Y los fines de semana? ¿Te interesa la fotografía? En mis fantasías trato de sacar conclusiones. Y en mis fantasías espero también que no compartas tiempo con alguna posible pareja existente.

Y hay un tema en el que coincidimos. Y extraigo del momento una de las pláticas más deliciosas que he tenido en mi vida. Y eso me gusta. Siento que por fin puedo explayarme. Y busco entre mi arsenal de conocimientos la información que me permita demostrarte que realmente tengo interés en el tema. Y claro, algunas jugadas leves para tratar de engancharte con eso. Empiezo el juego.

Y veo que eres sonriente, que hay cosas lindas que te causan gracia. Y que en realidad puedes llegar a ser chispeante, al mismo tiempo que considerada. En esta instancia, incluso podría decir que eres perfecta.

Y cada día, me voy del mar de cubículos pensando en cómo te abordaré la próxima vez que esté frente a ti.

Deseo que el afán de descubrirte me resulte placentero.

Tercera parte

Comienzo a conocerte. Comienzo a saber más de ti. ¡Vaya que no es tan fácil entrar en tu círculo! Siendo una persona tan dedicada en lo que hace, tan seria, tan coherente y, sobre todo, tan pulcra, debo retarme a mí mismo. No creo que seas una mujer que se preste a situaciones que la hagan proclive a perder el estilo y poner su imagen en entredicho.

Para acercarme a ti, debo ser, ante todo, fino. No parece que seas una persona que se preste a temas de conversación que incluyan chismes y vulgaridades. Entonces, debo recordar lo poco que sé de ti. Tu trabajo y uno que otro interés que tenemos en común.

Me recuerdo a mí mismo que debo ser auténtico. Impostar una personalidad está prohibido, bajo cualquier circunstancia. Así que me dirijo a ti con formulismos y buscar cómo abordar un tema a partir del “¿Cómo te ha ido?”.

Tengo qué ser un experto en lo que hago. En este caso, en fotografía. Saber de encuadres, de estilos, de técnica y de equipos. Y me he empeñado en incrementar mis conocimientos sobre el tema. Después de todo, es algo que me apasiona, y algo en lo que siempre me exijo a mí mismo para llegar a la perfección. Y parece que eso te gusta.

¿Temas de la cotidianidad? Sí. Estoy enterado. Tengo mis opiniones, pero las comparto sólo cuando creo que la situación es propicia para hacerlo. Por convicción, por evitar el miedo, el sentimiento de vulnerabilidad, evito el amarillismo. Pero, en cuanto a todo lo demás, estoy enterado. Es importante estar informado sobre lo que pasa en nuestra comunidad, en nuestro país y en el mundo para poder tomar decisiones con conocimiento de causa.

Recuerdo que me gusta conocer lugares nuevos y probar buena comida. Entonces me desplazo por toda la ciudad con mi cámara en la mano y me dedico a mantener imágenes actualizadas de los puntos más interesantes. Y claro, para capturar cosas con fines de reporte o denuncia. Digo, a la pasada. No soy un pseudo-izquierdista renegado, pero siempre es bueno poner al gobierno en evidencia. Como ciudadano, tengo derecho a denunciar.

Pero siempre busco, ante todo, lugares bellos, y lugares cuyas historias merezcan ser contadas. Vivimos en un lugar lleno de historia y de magia, y es divertido descubrirlo en cada uno de sus rincones.

Siempre busco lugares en los que se venda comida exquisita, para deleitarme. Me gusta comer bien, comer rico. Y me gusta atesorar experiencias culinarias, especialmente relacionadas con los vinos.

Y claro, el cine y las artes en general. No ando de cacería, pero siempre que puedo voy al cine, y procuro estar al tanto de las expresiones artísticas que se dan en la ciudad.

Y claro, me empeño en hacer lo mejor posible en mi trabajo. Quiero ser el mejor en el puesto que desempeño mientras estoy inmerso en el mar de cubículos. Profesionalismo ante todo. Repito algo que admiro de ti, aplicado también a mí: el conocimiento te ayuda a hacer las cosas con convicción, y eso da seguridad.

No sé qué tanto compartamos estos gustos, pero es mi apuesta para llegar a ti, porque eres refinada. Eres refinada y tienes clase. Y para mí, lo más importante en una mujer es la clase, porque la clase las hace ser damas. Discreción, finura y sencillez siempre hacen que luzcan esplendorosamente.

Lo que sí he descubierto es que tu mundo más allá del mar de cubículos es vistoso y casi perfecto. El orden inherente a tus actividades cotidianas ayuda a que tengas éxito en lo que te propones, porque eso te da alegría, y la alegría te ayuda a cumplir con tus deberes, y eso te ayuda a mantenerte relajada.

Cada actividad que tiene qué ver con tu acondicionamiento físico, con el cultivo de tu belleza, con autocomplacerte haciendo lo que más te gusta, sea en la computadora o en la vida de carne y hueso, es realizada con precisión, con disciplina y, sobre todo, con gusto, porque amas lo que haces.

Entonces confirmo que la felicidad está ligada a procurarnos lo que más nos gusta, con diligencia. Y por eso luces tan contenta y tan relajada, aunque parezcas ser tan seria en primera instancia. Bueno, tu cautela es una de tus armas secretas para tener éxito.

El hecho de que seas feliz te hace ver más más atractiva. Y sé que para llegar a ti, debo poner orden en mi propia vida. Eso no es impostar, es sólo corregir lo malo que hay en mí, lo cual es altamente recomendable.

Ser ordenado y hacer lo que me gusta con disciplina y convicción me hace sentirme más seguro de mí mismo, y sé que las mujeres siempre aprecian esa cualidad en un hombre.

Amo que ya en confianza siempre luzcas feliz y relajada.

Cuarta parte

Y descubro que tu vida es muy rica; que vives dentro de una dualidad deliciosa, desde tu forma de ser hasta lo que hay en tu vida cotidiana.

Ver que puedes ser de la misma manera seria y alegre, y que además de todo sabes moderarte en todos los sentidos, siempre cortés y cívica, siempre asertiva. Y ver también que puedes ser elegante y relajada. Y con clase.

Tu vida laboral es magnífica y prestigiosa, siempre ascendente. Y tu vida privada está llena de placeres. Los placeres de hacer ejercicio, de expresarte de forma artística, de comer bien, de viajar a lugares que son de tu agrado… Trabajar duro, con concentración, con convicción, siempre tratando de mejorar, de actualizarte, de usar las herramientas que tienes disponibles y las habilidades que has desarrollado. Sin duda eres grande, y pronto volarás alto, sin necesidad de simular o magnificar. Tus resultados hablan por ti; no tienes qué ser ostentosa, y eso es aún más admirable. Y tus placeres: tu programa de ejercicio y tu alimentación equilibrada. Ese gran conocimiento que tienes de los mejores lugares para ir a comer y de los eventos que son de tu interés, y que aprovechas. Y tu hábito de leer y de ver páginas de internet interesantes. Más tu forma tan fina y casi perfecta de manifestarte, sea en persona o por internet. ¡Simplemente eres admirable!

Y todo aquello que te procuras, porque la calidad de lo que haces ha rendido sus frutos. Eres constante, eres consistente, eres ecuánime. Sabes manejar las situaciones que se te presentan con una gran maestría.

Quisiera verte tranquila, contenta, relajada. Ver aquello que te hace ver más femenina, más atractiva. Ver cómo disfrutas verdaderamente cada cosa que haces, y lo disfrutas porque lo haces a tiempo, de manera que siempre te sientes bien contigo misma. Sabes colaborar, sabes afrontar tus obligaciones, y prácticamente te mereces todo lo que obtienes para ti. Y eso también encanta.

Y explotas tu coquetería en todo momento. Estar consciente de ti misma mientras te desenvuelves en cualquier plano, aún cuando estás sola contigo misma, dedicándote tiempo.

Ver cómo disfrutas la vida me hace admirarte aún más, y desearte, y ser partícipe de ese bello espectáculo en el que has convertido tu vida, siempre avanzando, de meta en meta. No tienes qué demostrar nada. No es importante. En tanto cuides tu salud y hagas lo que te plazca, no tienes qué demostrar nada, y es así como disfrutas la vida.

Y yo quiero ser parte de ella. Pertenecer a ese mundo fascinante. Ser tu complemento perfecto. Darte placer y hacer explotar tus cualidades femeninas para que las conviertas en delicias para mi. Ir por la vida dados de la mano, disfrutándonos como algo bello mientras transitamos por los caminos que nos llevan a la realización de nuestros sueños y al perfeccionamiento de nuestra propia individualidad.

Eres ideal, porque tu magia femenina me ha cautivado.

Quinta y última parte

Todos los que piensan que la clase se mide por la calidad de la ropa y del roce social que se tiene, son unos ignorantes. La clase y el glamour se llevan de manera innata, o cultivada, sin pretención de ostentar o demostrar. La clase no es así.

La clase se mide, primero, por el nivel de bondad. Luego, por la imagen personal y las buenas maneras. Después, por la forma de afrontar las situaciones que la vida presenta diariamente. Una mujer con clase es una mujer discreta, fina, sencilla y con plena consciencia de su feminidad. Una mujer con clase es asertiva y sabe tratar a la gente de manera amable y adecuada, sabe moverse con garbo, tiene buenos modales, sonríe siempre y no tiene el deseo perenne de hacerse notar. De hecho, no tiene qué hacerse notar deliberadamente. Su porte habla por ella. Y ante una mujer así, el mundo se pone de rodillas.

Todos aquellos que piensan que la clase está ligada al status social, o a los bienes materiales que se ostentan, aún de manera burda, están equivocados. Cuando conozcan a una mujer con clase, enseguida se doblegarán ante ella, sintiendo un verdadero gusto en conocerla.

De tan sólo verte siento que ya estoy enamorado. Tu delicada figura femenina me cautiva. Es inevitable.

Eres bella y tienes garbo, lo que cualquier hombre desea, aunque sea en el fondo. Una mujer hermosa y amable; cuidadosa y sutil.

Enciendes mi líbido y comienzo a pensar en ti todo el tiempo. En mi cabeza no hay espacio para otra cosa. Creo que realmente eres hermosa y te deseo, deseo apoderarme de tu persona, conquistarte, hacerte mía.

Siento que ya no puedo tratarte con normalidad, y comienzo a concebir tretas para acercarme más a ti. Trato de que mi manera de saludar sea más cálida, trato de hacerme notar con lo que hago. De alguna manera, busco llamar tu atención. Y sí, te busco, recurriendo a mi acervo de temas de conversación, buscando afinidades, buscando algún detonante en tu lenguaje que me dé la oportunidad de dar un paso más. Invitarte a comer, o al menos un café, tal vez. O buscar una ocasión en la que se dé una salida entre personas que ambos tratemos. No sé. Es cuando sé que debo ser más audaz.

Te miro. Luego, me miro a mí mismo. Necesito encontrar la conexión, eso que me permita acercarme más a ti, sin forzar nada. Es un juego mental para mí.

Es decir… Tu belleza, la delicadeza de tu cuerpo, la lozanía casi perfecta de tu piel, y tu hermoso cabello. Tu caminar, tu voz, la manera en la que gesticulas. Cada aspecto de ti me parece fascinante.

Y ver que más allá de esa seriedad perenne que muestras al estar concentrada o pensativa, hay jovialidad, amabilidad, incluso calidez. Eso me fascina. Cómo miras al responder a un saludo, cómo sonríes, cómo abordas una breve conversación de pasillo. ¡Eres increíble! Y me fascina ver que eres tan educada, tan atenta, tan empática. Sutileza ante todo; finura en tus maneras. Eso me derrite.

Y ver que tu vida es divertida; que sabes vivirla y que siempre miras hacia adelante, me fascina aún más.

He de hacer que camines hacia mí.

Escritos realizados en mi espacio de Tumblr del 18 de Octubre de 2016 al 22 de Octubre de 2016. Cada publicación tiene una foto especial, y los enlaces a dichas publicaciones originales se pueden encontrar en los siguientes enlaces.

Tú 1 en Tumblr.
Tú 2 en Tumblr.
Tú 3 en Tumblr.
Tú 4 en Tumblr.
Tú 5 en Tumblr.

Foto: Sjh-Fotografie (Pixabay)

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