Caifanes – La Célula Que Explota

De realidades e identidades

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mercedes2009 (Pixabay)

Es cierto que en términos generales me ha gustado vivir en la ciudad de Guadalajara durante casi diez años. Tal vez las cosas no se han dado exactamente como yo he querido, pero honestamente siento que sí he evolucionado al mismo tiempo que vivo la ciudad.

Guadalajara tiene todo lo que se espera encontrar en una ciudad grande, pero al mismo tiempo es una ciudad muy cerrada. No hay vanguardia, no hay grandes dinámicas sociales, no hay progreso… Claro que una de las razones principales por las que Guadalajara es una ciudad estancada, es la corrupción del gobierno local, la cual ha llegado a niveles insoportables.

Pero también me llama la atención que, aún cuando la ciudad ha dado muchos iconos a la cultura mexicana, por los cuales ésta es conocida en el exterior, tales como el tequila y el mariachi, su pueblo carece de identidad. El pueblo tapatío no tiene apego alguno a su tierra, ni siente afecto por ella. Tal vez abunden los esnobismos como el sentirse orgullosos de ser oriundos de la tierra del mariachi y el tequila, o de vivir en una tierra en donde las mujeres de ojos hermosos abundan, pero sólo eso.

Los tapatíos carecen de un amor al terruño que los empuje a salir adelante y en darle a la ciudad el lugar que creo yo que se merece, aún cuando desde tiempos inmemoriales ha sido una ciudad que se devora a sí misma en pos de darse nuevos rostros. O tal vez esa naturaleza autodestructiva de la ciudad sea la causante de que los tapatíos carezcan de identidad…

Y creo que ya no tiene remedio. Creo que nunca llegará a ser una ciudad con una personalidad distinguida que podría adquirir gracias a su gran tamaño. Ni siquiera es una ciudad abstracta llena de rincones fascinantes. Pero bueno, ahora los empresarios se la están devorando sin escrúpulo alguno, destruyéndola para gentrificar las zonas con mayor potencial económico, con proyectos concebidos y llevados a cabo de una manera burda e irracional, gracias a que los gobernantes y políticos clave se dejan corromper con una facilidad espantosa. ¡Que la ciudad no progrese porque hay gente interesada en que no lo haga…!

Y se agrava con la apatía tapatía. Esa ciudad que vive de la asquerosa música derivada de la banda del noroeste, con cantantes desafinados e instrumentos mal tocados, del amor eufórico por un equipo de fútbol que ya no es más que un holograma producto de un proyecto empresarial agresivo y falto de visión, y de las alitas de pollo y las cervezas de los sábados. Para eso viven los tapatíos promedio. ¿Qué más da si una zona de la ciudad está en un terrible estado de un deterioro inducido para hacer que el valor de la tierra baje, y que otra zona está siendo destrozada para construir edificaciones fuera de contexto?

En fin. Esta es Guadalajara.

Foto: Los Arcos del Milenio, escultura monumental que quedó inconclusa debido a una pésima inversión.

Los orígenes

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SEVENHEADS (Pixabay)

Algunas veces pienso que al avanzar estoy dejando de lado algo que es parte de mí. Y es mi naturaleza, no puedo evitarlo.

También a veces pienso que los caminos no son lineales, sino espirales. Entonces, hay momentos en los que necesariamente pasas cerca de algunos lugares o momentos que ya dejaste atrás previamente. Y yo tiendo a confundirlo con estar atado al pasado.

No. Simplemente es mi escencia. Lo que soy. Y no debería sentirme mal por lo que voy dejando atrás, pues no por avanzar dejo de ser yo mismo. Mi forma de ser, mis gustos, mis miedos. El caso es que siento nostalgia cada vez que me muevo a un nuevo plano, y que por una especie de compromiso, debería quedarme en donde me encuentro.

Entonces, el conflicto entre avanzar y quedarme amarrado en donde estoy, sigue presente en mi vida.

No debería tener miedo de perder mi identidad mientras avanzo. Mis orígenes me dan fuerza. Todo lo que soy, de donde vengo, ahí seguirá, como una referencia, no como algo a lo que deba atarme, ni como una cueva en dónde refugiarme cuando me sienta mal. Ahí seguirá. Simplemente eso.

Continuaré mi camino, persiguiendo mis sueños, que a estas alturas debe ser mi gran prioridad. Pensando poco, haciendo mucho. Así avanzo siempre. Lo sé. Y mis orígenes, quedarán como un faro a dónde voltear cada vez que necesite orientación.

Foto: Antigua estación del ferrocarril de Aguascalientes.

Formula 1 / Cómo la conocí

Watkins Glen Racing

ChristianSinclair (Flickr)

La verdad es que sé de la existencia de la Fórmula 1 desde que tenía la vaga idea de que existo. Tal vez estaba en el kindergarten, o tal vez ni siquiera sabía leer aún. No me acuerdo.

Lo que sí puedo es recordar la primera imagen que vi en la tele. Mi padre nos dijo que eso se llamaba “Fórmula 1”. La imagen: Coches de aspecto extraño dando vuelta en una curva muy cerrada. Mucho tiempo después me cayó el veinte de que era la icónica hairpin del circuito callejero de Long Beach.

Luego, no recuerdo si poco tiempo o mucho tiempo después, nos enseñó la portada de una revista (a mi hermano y a mí), y nos dijo que era “Niki Lauda”. Y de ahí comencé a aprenderme nombres: Niki Lauda, Mario Andretti, Gilles Villeneuve, Jacques Laffite, Patrick Depailler, Carlos Reutemann, Héctor Rebaque… Había muchos más, pero esos eran los que recordaba siempre.

De hecho, uno de mis juegos recurrentes en aquellos tiempos (tendría tres, o cuatro, o cinco años cuando mucho), consistía en recostarme en el suelo y visualizar rectas en las losas de mosaico del piso, jugando con mis cochecitos. Naturalmente, una de las líneas divisorias de las losas de 30cm. x 30cm., era para mí una línea imaginaria que usaba para delimitar la hairpin de Long Beach.

Y recuerdo también hojear y hojear revistas. Claro que dichas revistas tenían fotos de la Formula 1 (Jody Scheckter y Gilles Villeneuve), y otros autos que me dijo que eran los Fómula 2, los Fórmula Ford, los Trans Am y los Fairmont.

Además, tenía un pantalón de pechera con parches de STP y Good Year. Creo que mi padre era fan del automovilismo deportivo y nos inculcó eso con mucha facilidad. Bueno, hay más historias de mi niñez relacionadas con el automovilismo, pero en esta ocasión quise concretarme a mi relación con la Fórmula 1.

Foto: Licencia Creative Commons CC BY 2.0.

Formula 1 / Cómo la viví

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Dima Moroz (Flickr)

Yo viví (y disfruté) la Fórmula 1 más intensamente entre mi niñez y mi adolescencia. es decir, en los años 80. Tal vez sea un sentimentalismo decirlo, pero pienso que esa ha sido la mejor época de la fórmula 1.

Recuerdo los domingos en la casa cuando mi padre veía las carreras y yo las medio veía junto con él. Digo, me la pasaba entre viendo la tele y jugando. Y sí recuerdo nombres como los de Alan Jones, Patrick Tambay, René Arnoux, Riccardo Patrese y Nelson Piquet. Y en momentos un poco más avanzados, Alain Prost, Elio de Angelis, Michele Alboreto, Andrea de Cesaris, Nigel Mansell y Ayrton Senna.

Y como agregado, Niki Lauda, a quien en 1984 se le conoció como “la leyenda viviente”.

Luego vino la etapa de “Los 4 Fantásticos”, la cual se dio justo al mismo tiempo que se restituía el Gran Premio de México. Nelson Piquet, Alain Prost, Nigel Mansell y Ayrton Senna eran por mucho los mejores pilotos del serial. También fue la época en la que mucha gente lloró porque los Lotus dejaron de ser negros con dorado.

La tecnología de punta era estrictamente automotriz. Cada año se presentaban innovaciones que revolucionaban el automovilismo en general. No había grandes avances en lo que a transmisión televisiva y comunicaciones se refiere.

Sin embargo, había mucho glamour, como antaño. Creo que el glamour es uno de los grandes encantos de la Fórmula 1.

Ver esas competencias en las que siempre ganaba cualquiera de esos cuatro pilotos realmente era emocionante. Las carreras no se daban como en procesión. Las peleas por la punta y por conseguir el resto de los puntos eran muy duras. Y había contrastes, pues, además de todo, había escuderías malísimas.

Repito, durante esa época hubo carreras muy espectaculares, pero hubo dos puntos muy llamativos:

1.- Que el Gran Premio de México de 1986, el primero de esa segunda etapa, no fue ganado por ninguno de “Los 4 Fantásticos”, sino por Gerhard Berger, que ganaba un Gran Premio por primera vez en su vida, y la primera vez que un carro de la escudería Benetton ganaba un Gran Premio. Por lo tanto, fue un resultado muy sorpresivo.

2.- Los autos MP4/4 que fueron presentados por McLaren para la temporada 1988, conducidos por Alain Prost y Ayrton Senna. Hay quién dice que ese auto es el mejor coche de carreras jamás construido, pero lo cierto es que también los pilotos estaban pasando por un gran momento en sus carreras.

También es muy claro que en aquel tiempo la Fórmula 1 reflejaba la locura de los años 80. Fue cuando comenzó a comercializarse más allá del automovilismo puro, por la gran opulencia que había en el llamado “primer mundo”, y por el alcance de los medios de comunicación durante la última crisis de la Guerra Fría.

Con la vena comercializante de Bernie Ecclestone, la Fórmula 1 comenzaba a convertirse en un producto, pero aún con el espíritu competitivo en donde importaban más la pericia de los pilotos y la búsqueda de perfección en la tecnología.

Foto: Licencia Creative Commons CC BY 2.0.

Formula 1 / Cómo la percibo

Formule 1

Nicolas G (Tumblr)

Hace relativamente poco tiempo, y eso porque tuve acceso, volví a ver la Fórmula 1. Bueno, quizá la llegada de Checo Pérez hizo que me animara a verla de nuevo.

Me había desentendido de la Fórmula 1 poco después de la muerte de Ayrton Senna. Pero no fue sólo la pérdida de uno de mis grandes ídolos lo que me desanimó. El reinado de Michael Schumacher se tornó tan contundente que la Fórmula 1 se hizo muy aburrida. Y lo peor del caso es que dicho reinado duró muchísimo tiempo. Cada 15 días las noticias decían que Schumacher había ganado otra pole position, otra carrera o que había batido otro récord.

Cuando volví a ver carreras de Fórmula 1, ésta ya se había “asiatizado”. Como todo desde que el internet comenzó a dominar nuestras vidas. No tiene nada de malo el asunto de la “asiatización”, de no ser que los circuitos eran casi iguales, planos y sin tramos que representaran un gran reto para los pilotos. Es cierto: las concepciones arquitectónicas de los nuevos circuitos eran espectaculares, y las pistas se encontraban en excelente estado. Pero vamos: las carreras se hicieron muy light porque las pistas ya no representaban un gran reto para los pilotos ni para las máquinas.

Y adicionalmente, las pistas europeas habían sido “adecuadas” a las últimas generaciones de Fórmula 1, e incluso se amenazó con eliminar algunas del calendario de la temporada, sin importar la tradición.

Además, los pilotos ya eran jovencitos de 18 años, y los veteranos eran jóvenes de 25 o 26 años. Y como el último gran agravio, dichos pilotos ya no podían tomar decisiones mientras estaban en carrera. Además de las numerosas restricciones impuestas por la FIA para la construcción de automóviles y para las maniobras en pista, los pilotos recibían instrucciones por radio, en las que los técnicos les indicaban qué hacer y qué no hacer durante la carrera; el desempeño de los carros ya era monitoreado y controlado por medio de la telemetría, cuyos datos arrojados eran usados para tomar decisiones desde los pits, mientras que los pilotos se concretaban a pisar el acelerador y mover el volante, maniobrando estrictamente bajo instrucciones dadas por radio.

Para entonces (estamos hablando más o menos de 2011 o 2012), las carreras eran procesiones y había muy pocos abandonos. Y siempre ganaban los mismos (no pasaba de dos o tres ganadores en cada temporada).

En los últimos dos años, las reglas de competencia se han relajado un poco y ya se permiten maniobras más comprometedoras. Además, ya se prohibieron las instrucciones explícitas por radio mientras el piloto se encuentra en la pista.

Lo que sí alabo de los últimos tiempos es la estética. Los autódromos están mejor decorados y hay orden en lo que a patrocinios se refiere. Pero los circuitos siguen sin ser retadores, además de que los pilotos ya no tienen la pericia para hacer maniobras duras, y muchas veces se salen de la pista para dar vuelta en las curvas.

Es triste que la Fórmula 1 ya no es para hombres, sino para niños.

Foto: Licencia Creative Commons CC BY-ND 2.0.

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